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La fibrilación auricular, una arritmia que muchas veces el paciente desconoce y que puede ser peligrosa

Las arritmias son alteraciones del ritmo cardiaco. Normalmente, una persona sana tiene entre 50 y 90 latidos por minuto cuando está en reposo. Las desviaciones de esos valores pueden darse porque el corazón vaya muy lento (bradicardia) o porque el corazón lata más deprisa (taquicardia). Dependiendo del tipo de alteración, los síntomas serán diferentes.

En general, las arritmias son fáciles de diagnosticar. El síntoma más evidente es que la persona que las sufre nota palpitaciones rápidas, golpes fuertes en el pecho, que en condiciones normales no suele notar. No obstante, pueden ser asintomáticas. La fibrilación auricular es un tipo de arritmia que, en ocasiones, el paciente desconoce que padece y que puede llegar a ser muy peligrosa, ya que está asociada con el Ictus.

A menudo las palpitaciones aparecen como respuestas fisiológicas del cuerpo humano ante una situación de riesgo o estrés. Las emociones, el miedo, el pánico o la ansiedad pueden provocar un aumento de la frecuencia cardiaca y de las palpitaciones, pero esto no significa que exista patología. Normalmente, las arritmias patológicas responden a enfermedades cardíacas. Por este motivo, el grupo de la población con más peligro de sufrir arritmias graves son aquellos pacientes que previamente han sufrido un infarto de miocardio.

Los principales signos de alerta son las palpitaciones no relacionadas con el miedo, la ansiedad o el nerviosismo. También las pérdidas de conciencia y la sensación de cansancio injustificable. Además, las arritmias pueden tener consecuencias como la pérdida del conocimiento por la falta de sangre en el cerebro; bien porque el corazón late demasiado deprisa o porque late pocas veces. Por su parte, las arritmias muy graves pueden llegar a causar la muerte súbita.


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