“Los síntomas menos conocidos del infarto en mujeres pueden retrasar el diagnóstico”

  • Muchas mujeres atribuyen los síntomas de un infarto al estrés, la ansiedad o el cansancio, retrasando la atención médica.
  • Fatiga extrema, falta de aire, náuseas o molestias en la espalda y la mandíbula son algunas de las señales que no deben ignorarse.
  • Reconocer los síntomas a tiempo y controlar los factores de riesgo sigue siendo clave para salvar vidas.

Aunque el dolor en el pecho sigue siendo uno de los signos más conocidos de un infarto, en las mujeres esta emergencia cardiovascular puede manifestarse de formas muy distintas. La falta de información sobre estas diferencias provoca que muchas pacientes no identifiquen a tiempo las señales de alerta y retrasen la búsqueda de ayuda médica. Así lo explica el Dr. Gonzalo Navarrete, jefe de Cardiología de Policlínica Gipuzkoa, de Quirónsalud.

Un problema que no siempre se presenta de forma evidente

La imagen tradicional del infarto suele estar asociada a un dolor intenso en el pecho que aparece de forma repentina. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. En muchas mujeres los síntomas pueden ser más difusos y menos llamativos, lo que dificulta relacionarlos con un problema cardíaco.

El especialista señala que es frecuente que aparezcan manifestaciones como cansancio extremo, dificultad para respirar, náuseas o molestias en zonas como la espalda, el cuello o la mandíbula. Esta presentación menos típica contribuye a que las pacientes tarden más en acudir a un servicio de urgencias.

Cada minuto cuenta

Durante un infarto, una arteria coronaria se bloquea y reduce el flujo de sangre al corazón. Como consecuencia, el músculo cardíaco deja de recibir el oxígeno necesario para funcionar correctamente y comienza a deteriorarse.

Por este motivo, el tiempo es un factor determinante. Cuanto antes se reciba asistencia médica, mayores serán las posibilidades de minimizar los daños y mejorar la recuperación posterior.

Existen síntomas que, aunque no se asocien inmediatamente con un infarto, pueden indicar que el corazón está sufriendo. Entre ellos destacan:

  • Fatiga intensa y repentina.
  • Sensación de falta de aire.
  • Sudoración fría.
  • Mareos o sensación de inestabilidad.
  • Molestias en la espalda, el cuello, la mandíbula o los brazos.
  • Dolor u opresión en el pecho que no desaparece.

Los expertos recomiendan prestar especial atención cuando varios de estos síntomas aparecen al mismo tiempo o resultan inusuales para la persona que los experimenta.

El riesgo de confundir los síntomas

Una de las razones por las que muchas mujeres retrasan la consulta médica es que estas señales pueden confundirse con situaciones cotidianas. El estrés, el cansancio acumulado, la ansiedad o incluso los trastornos digestivos suelen ser las primeras explicaciones que muchas personas encuentran para justificar su malestar.

Según el Dr. Navarrete, esta interpretación puede resultar peligrosa cuando detrás de esos síntomas se esconde un episodio cardíaco. Continuar con la rutina habitual esperando que las molestias desaparezcan puede suponer una pérdida de tiempo valiosa.

Más allá de la edad: factores que aumentan el riesgo

Aunque las enfermedades cardiovasculares se asocian habitualmente al envejecimiento, existen numerosos factores que influyen en el riesgo de sufrir un infarto. Tras la menopausia, la protección hormonal disminuye y la probabilidad de desarrollar problemas cardiovasculares aumenta.

A esto se suman factores ya conocidos como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad.

Además, en las mujeres existen antecedentes específicos que también deben tenerse en cuenta, como haber padecido preeclampsia o diabetes gestacional durante el embarazo, experimentar una menopausia precoz o convivir con determinadas enfermedades autoinmunes e inflamatorias.

La prevención sigue siendo la mejor estrategia

Los especialistas coinciden en que una gran parte de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse mediante hábitos saludables. Mantener una alimentación equilibrada, practicar ejercicio físico con regularidad, evitar el tabaco y controlar factores como la tensión arterial, el colesterol y la glucosa son medidas fundamentales para cuidar la salud del corazón.

Asimismo, descansar adecuadamente, reducir el estrés y realizar revisiones médicas periódicas contribuyen a detectar posibles problemas antes de que se conviertan en situaciones graves.

«Ante síntomas nuevos, persistentes o especialmente intensos, es fundamental descartar un origen cardíaco. Cuando existe duda, lo más prudente es consultar de inmediato», subraya el Dr. Gonzalo Navarrete.

La información y la prevención continúan siendo dos de las herramientas más eficaces para reducir el impacto de las enfermedades cardiovasculares. Reconocer los síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y complicaciones graves.