Al irunés Ángel Veiga le colocaron un implante coclear en febrero. Una meningitis le dejó prácticamente sordo hace cinco años. / DE LA HERA

“Estoy aprendiendo a comprender lo que oigo”

Las cirugías menos invasivas para oído, nariz y garganta, hoy en el Aula de Salud

Fuente: Diario Vasco

Como muchos ciudadanos, Óscar Martín pensaba que las piedras solo se forman en el riñón. «Pero no, también pueden aparecer en las glándulas salivales de la boca. En mi caso, en la que tenemos abajo a la derecha, que se me obstruía. Ni por asomo pensaba que pudieras tener piedras ahí». Hasta que a este logroñés de 37 años comenzó a hinchársele esa glándula «y se me ponía la parte baja de la mandíbula como una bola de ping-pong, era bastante exagerado». Algunos comidas, como las picantes, le sentaban fatal. «La glándula trabaja más y genera y genera saliva pero ésta no puede salir porque el conducto está obstruido por piedritas. Sientes dolor agudo, como si tuvieras un clavo metido».

Óscar Martín: Ni sabía que podías tener piedras en las glándulas salivales. Fue quitármelas y hacer vida normal

Los dolores y estos episodios se resolvieron tras someterse a una sialoendoscopia, una intervención que evitó «la cirugía abierta que me habían recomendado previamente» y que le permitió volver a hacer vida normal en 24 horas. Martín fue operado en Policlínica Gipuzkoa por Carlos Saga, que forma junto a Xabier Altuna el equipo de otorrinolaringología que esta tarde hablará de las ventajas de la cirugía mínimamente invasiva para las patologías de garganta, oído y nariz. El Aula de Salud comenzará a las 19.30 horas en el Aquarium, con entrada libre hasta completar aforo.

Martín fue a varios especialistas en La Rioja antes de recalar en San Sebastián, precisamente por recomendación de una especialista «que me pudo quitar una piedrita debajo de la lengua, pero en la resonancia se vio que había más y me recomendó al doctor Saga». Previamente, otro especialista le había aconsejado extirpar la glándula salival entera, «pero eso implicaba un postoperatorio con baja, siempre existe el riesgo de que te puedan tocar un nervio de la cara o la lengua, además de la cicatriz que me hubiera quedado…», explica.

En Donostia fue intervenido durante tres horas bajo anestesia general. «A través de la glándula salival te meten un tubito que lleva un láser con el que van rompiendo las piedras. Luego te meten como una pincita y extraen los pedazos. Es una técnica trabajosa», recuerda Martín, a quien también le extirparon un pólipo de la garganta en la misma operación. Pasó la noche ingresado «y al día siguiente hice vida completamente normal, ni baja, ni reposo, ni nada. Estoy encantando».

Entre otras técnicas y soluciones, en la charla-coloquio Xabier Altuna se referirá a los distintos tiempos de implantes que se pueden colocar para mejorar la audición, como los de conducción ósea, los de oído medio o los cocleares. Estos últimos consisten en un dispositivo que consta de una parte interior, que se coloca en el oído interno, y una parte exterior, que capta las ondas de sonido y las transmite. Desde el 21 de febrero, Ángel Veiga lleva uno en su oreja izquierda. Este irunés de 58 años perdió hace cinco la audición como consecuencia de una meningitis que le llevó a permanecer varios días en coma. «Cuando desperté estaba sordo, se te cae el mundo encima».

Ángel Veiga: Perdí la audición por una meningitis hace cinco años. Gracias al implante vuelvo a oír

Un audífono le ha permitido «apañarse» con el oído derecho, incluso cuando ejerce de entrenador del equipo juvenil del Beti Ona. «Pero del izquierdo me quedé prácticamente sordo». Es ahí cuando surgió la posibilidad de un implante coclear, que le colocó el doctor Altuna y en cuyo proceso de adaptación se halla inmerso. «Al día siguiente de la operación me mandaron a casa y la semana siguiente me quitaron los puntos. Pero el implante no te lo activan hasta el mes de la operación», añade. Y ahí arranca un proceso de adaptación y de aprendizaje, «porque el oído escucha unos sonidos, pero hay que comprenderlos. Oye pero no comprende», explica Veiga, quien calcula que tardará unos tres meses en «llegar a comprender bien» todo lo que escucha. Ahora oye «distinto». Como «un robot», define. «Como oyes dentro del cerebro, suena a eco y metálico». Algo secundario si se tiene en cuenta que «antes ese oído estaba muerto. De no oír a escuchar hay un abismo».

Para este proceso de adaptación y aprendizaje existen unos programas que se van activando y que le permite ir incorporando más sonidos. «Las voces son las que más cuestan, porque cada uno tiene un timbre distinto». Pero cada vez distingue más en un proceso que requiere paciencia pero que está cumpliendo con muy buenas perspectivas.


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