Cuando el punto final es voluntario

Los suicidios son la causa de muerte externa más frecuente en Euskadi. Sin embargo, los expertos afirman que la tasa es similar a la de los últimos años y si bien influyen múltiples factores, en la mayoría de los casos existe una enfermedad psiquiátrica previa.

El estudio Panorama de la Salud 2008 que hace unas semanas hizo público el Gobierno Vasco revelaba que por tercer año consecutivo los suicidios fueron la causa de muerte externa más frecuente, por encima de los accidentes de tráfico.

Según los datos que arrojaba el informe, hace dos años, en Euskadi 171 personas decidieron quitarse la vida frente a las 115 que fallecieron en las carreteras. ¿Se podría decir entonces que el número de suicidios ha crecido en los últimos tiempos?

No. Lo que ha ocurrido es que los accidentes de tráfico con resultado mortal han descendido considerablemente. Así lo afirman los tres expertos consultados por este periódico: José Manuel Chouza, psiquiatra de la Policlínica Gipuzkoa; Juan Manuel Alonso, doctor en la Clínica del Pilar; e Imanol Querejeta, Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Donostia.

“La tasa global no parece haberse modificado de forma sustancial en la últimas décadas a pesar de los planes de prevención y los tratamientos. Aunque sí parecen estar incrementándose en la adolescencia”, explica el doctor Alonso.

Esta afirmación también es compartida por José Manuel Chouza, que opina que “este tipo de conducta no es más frecuente ahora que hace quince años.

Por otro lado, las defunciones por accidentes de tráfico se redujeron un 20,7% en 2008”. Por su parte, Querejeta va un poco más allá y subraya que sería interesante seguir estas tendencias, “con variaciones muy pequeñas”, ya que “el estilo de vida, marcado por el estrés, va a cambiar mucho las tasas de enfermedades psiquiátricas y de invalidez”. “Hay que estar atento a sus consecuencias”, dice.

Las variables

Cuestión “compleja”

La Organización Mundial de la Salud calcula que el suicidio consumado supone el 1,5% de los fallecimientos del mundo, siendo la “décima causa de muerte en los países desarrollados”, dice Chouza. “Aquí estamos a la cola de Europa”, añade Querejeta.

Sin embargo, los tres expertos señalan la dificultad de hablar de una cuestión “compleja”, ya que la incidencia de la conducta suicida varía “mucho” en función de aspectos como los métodos de registro de cada país, de las actitudes religiosas y culturales, de la edad o del sexo.

A pesar de esto, el médico de la Policlínica Gipuzkoa recuerda que la Comisión Europea sugiere manejar las cifras “con cautela” porque las estadísticas “podrían no reflejar del todo la realidad”. “Por ejemplo, Grecia es el país con el índice de suicidios más bajo de la Unión Europea con 5,9 por cada mil personas, pero es que por motivos religiosos los griegos no declaran los suicidios”, asegura Chouza.

Lo que sí dejan claro las estadísticas es que los suicidios consumados son “mucho más frecuentes” entre los hombres -en Euskadi, 126 hombres frente a 45 mujeres, en 2008-, mientras que entre las mujeres son más comunes los “intentos”, comenta el psiquiatra.

Según Alonso, “la mayor tasa de éxitos en los suicidios del hombre está relacionada con la utilización de métodos más violentos, de mayor letalidad y con baja posibilidad de rescate -armas de fuego, ahorcamiento, defenestración…-. Las mujeres optan por las intoxicaciones farmacológicas, los venenos o las laceraciones”.

En este sentido, el Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Donostia agrega que los hombres son “más impulsivos, menos reflexivos y más violentos, por eso nos irritamos más fácil, nos exasperamos más rápido y buscamos métodos más expeditivos que las mujeres”.

Además, la edad, el estado civil y la situación socioeconómica son factores que inciden en esta cuestión. Así como se da una mayor frecuencia de suicidios en los hombres, también se ha detectado que las cifras aumentan con la edad, “destacando la crisis de la mediana edad (hombres de 45 y mujeres de 55 años)”.

El suicidio es también más frecuente entre los solteros, separados y viudos. “La ruptura o inexistencia de relaciones estables o vivir solo incrementa el riesgo suicida”, completa este facultativo. Respecto a la situación socioeconómica, “tienen mayor riesgo de suicida los desempleados, los que sufren privaciones sociales”.

El psiquiatra Juan Manuel Alonso indica que “tradicionalmente” los países católicos y de otras religiones monoteístas presentan menores tasas de suicidio, “en comparación con países centroeuropeos, nórdicos o anglosajones de religión protestante”.

Otro de los datos que aportaba el informe Panorama de la Salud 2008 hacía referencia a las ideas suicidas. Según el estudio, más del 5% de la población vasca entre 22 y 44 años ha pensado “seriamente” en suicidarse en algún momento de su vida.

Y es que tal y como explica el doctor Alonso, “la ideación suicida” es algo “frecuente”. “A lo largo de la vida una de cada tres personas puede presentar ideas de suicidio”, añade. En opinión de Imanol Querejeta, “seguramente mucha más gente de la que lo confiesa ha tenido algún día una idea relacionada con esta forma de conducta ante una situación desventurada. Y seguramente es mucho más frecuente entre los que tienen menos experiencia para afrontar los reveses de la vida”.

El perfil

Ideas suicidas

Pero, ¿existe un perfil de persona susceptible de tener ideas suicidas? “Más que de un perfil se tiende a hablar de indicadores de riesgo, ya que estas personas suelen realizar manifestaciones que indican el inicio de un proceso”, apunta el doctor Chouza.

Entre estas expresiones, el psiquiatra destaca verbalizar frases que indican un acto suicida, escribir notas sobre el suicidio o la muerte, hacer testamento, donar o tirar pertenencias importantes, tener un cambio radical del comportamiento o del aspecto físico, acumular fármacos, aumentar el consumo de alcohol o drogas, autolesionarse o haber tenido una conducta previa de suicidio.

Pero uno de los datos más relevantes es que “el 90% de los suicidios ocurre en personas que presentan trastornos psiquiátricos en el momento de quitarse la vida. El 80% de ellos padece trastornos depresivos, un 10% esquizofrenia, un 5% demencia y el otro 5% otras patologías psiquiátricas. Hay diversas variables sociodemográficas y culturales, pero hay que tener en cuenta que estos factores influirían en personas previamente vulnerables por una enfermedad psiquiátrica”, explica el doctor Alonso.

Además, “patologías como el cáncer, el sida, la esclerosis múltiple o la epilepsia también aumentan el riesgo. Por otro lado, el abuso de alcohol y de sustancias psicoactivas influyen en el 25% de los suicidios y facilitan la aparición de ideas suicidas”, explican desde la Policlínica Gipuzkoa.

Sin embargo, el suicidio puede ser además de la consecuencia de una enfermedad, el punto final de un proceso anterior que comienza, por ejemplo, con la frustración, la desesperanza, la ausencia de expectativas o la imposibilidad de materializar un cambio. “En un acto suicida se pone en juego la vida para que cambie, ya que la persona no puede soportar la que lleva porque está llena de sufrimiento inaguantable. El suicidio es un homicidio contra uno mismo, en el que la agresividad que se siente hacia el entorno se dirige hacia uno mismo”, comenta Chouza.

Querejeta añade: “Hay personas que adoptan esta forma de conducta como consecuencia de una enfermedad. En otras, el proceso es el de las complicaciones que van surgiendo en la vida y que llevan a un punto de camino sin retorno. La mayoría de las personas que se lanzaron al vacío durante el ataque a las torres gemelas de Nueva York no habrían pensado en suicidarse esa mañana, pero es muy probable que verse abocados a un sufrimiento sin esperanza les hiciese tomar esa decisión”.

Una vez garantizada la supervivencia del paciente, los expertos recomiendan un tratamiento y seguimiento psiquiátrico, puesto que “el riesgo de repetición es alto en los meses siguientes al intento”, afirma Alonso. Además, el doctor Querejeta señala que es necesario otro tratamiento más difícil “aquel que conlleve una mayor justicia social y una sociedad más solidaria, en la que sus miembros circulen menos por la calle escuchando música con los auriculares puestos, aislados del mundo y de las necesidades de otras personas”.

Fuente: Noticias de Gipuzkoa

 


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